sábado, diciembre 23, 2006

Villancico granaino

VILLANCICO GRANAINO

No pueden dormir los ángeles,
que esta noche es Nochebuena
y repica sin parar
la campana de La Vela.

Campanicas de Graná,
tocad hoy, que es Navidad.

Los pastorcicos caminan
al son de alegre cantar,
bajan del Sacromonte,
derechicos al Portal.

Campanicas de Graná,
tocad hoy, que es Navidad.

Los Reyes en sus camellos
oro incienso y mirra llevan
dudan si ir por la Sierra;
pero tiran por la Vega.

Campanicas de Graná,
tocad hoy, que es Navidad.

Entre pajas duerme el Niño,
acurrucado y contento
porque una mula del Darro
le calientan con su aliento.

Campanicas de Graná,
tocad hoy, que es Navidad

Las monjitas de clausura,
de azucar y chicharrones,
hacen tortas de manteca,
mazapán y polvorones.

Campanicas de Graná,
tocad hoy, que es Navidad.

De cantos se llena el cielo,
y las calles de alegría,
y llegan besos de nieve
subiendo la Alcaicería.

Campanicas de Graná,
tocad hoy, que es Navidad.

Los villancicos flamencos
por la Cuesta del Chapín
van rodando hasta mezclarse
con las aguas del Genil.

Campanicas de Graná,
tocad hoy, que es Navidad.

Dicen que el Niño duerme,
pero me han dicho que no
que ha bajado a Pedro Antonio
con Morente al botellón.

Campanicas de Graná,
tocad hoy, que es Navidad.

La Virgen con una toca
de la pelá se defiende.
San José con la pelliza
y unos tragos de aguardiente.

Campanicas de Graná,
tocad hoy, que es Navidad

Cuando derrita la escarcha
y las choperas no tiemblen
se apagarán las estrellas,
se encenderán los vergeles.
Y, sin decirnos ni adiós,
se marcharán los tres Reyes
subiendo muy despacico
por la Cuesta de Gomeres,
mientras El Niño, hacia Egipto,
el día de los Inocentes,
en la burra, adormilado,
irá pegando vaivenes.


Campanicas de Graná
no toqueis, por caridad.

miércoles, diciembre 13, 2006

Villancico gitano

VILLANCICO GITANO

Quiero hacer un portalico
con los cartones que encuentre
y con papeles de plata
el arrollico celeste.
Arrímame otro carrizo,
compare, pa la zambomba,
que no se rompa el hechizo
Le pondré musgo a los praos
y pajoncico al pesebre.
De brillantina la estrella,
y de papel charol los Reyes
Estribillo
El caminico con pieras
y con corcho las paeres.
El gúey y la mula de maera.
De plástico amarrón, el puente.
Estribillo
Las figuras del portal,
sin que mi mama se entere,
las cogeré del cajón
onde mi agüela lascuende
Estribillo
Y ya cuando esté acabao
y aiga llegao Diciembre:
mus comeremos las uvas.
se ajumarán de aguardiente,
Estribillo
mus darán los aguilandos
y aluego, igualico que siempre
golverán tos a la caja
hasta el invierno que viene.

miércoles, diciembre 06, 2006

Granada otoñal

Cuando empiezo a sentir el frío que llega
de Sierra Nevada hasta el río Darro,
helando al pino y al feraz chaparro
desnudo soy, álamo de la Vega.

Viene la noche, y la luna riega
de plata gris, al hielo y al guijarro.
El vino se deshace jarro a jarro
transformado en cante, que al alma anega.

Y llega el amor como puro canto
de esa voz fugaz, rota y condenada
a expresarse en la pena y en el llanto.

Y busco con los ojos a mi amada,
y la encuentro, apenas los levanto
a los pies de la Alhambra: mi Granada

lunes, noviembre 27, 2006

Aceite de oliva

Oro verde líquido, que se encierra
en cálices, de luz tornasolados,
-menudos corazones embriagados
por la savia amarga de la agraz tierra-.

Fluido feraz, sagrado, que se aferra
pertinaz, a los troncos deformados
en miríadas de jades plateados
que la vara cruel, inevitable, aterra

¡Cuan lejana llegó, oro, ya tu fama
que el sabor y el aroma redivivo,
fundieron la salud a los deleites.

Desde el blanco despertar, la tierna trama,
mamando la bondad del viejo olivo,
manan luz por los siglos tus aceites.

viernes, noviembre 24, 2006

Amigo

“AMIGO”

Tu amigo es aquel que en toda hora
antepone tu amistad a su dinero.
Si te hace falta ayuda, es el primero;
y contigo, tus desgracias, también llora.

Tu amigo fiel te quiere y atesora
tu amistad, como el don más duradero;
la guarda con el más mimado esmero;
y acude a tus llamadas sin demora.

Tu amigo por ti, nunca escatima
el esfuerzo, y su sangre roja vierte
en defensa, si es preciso, de tu fama

Tu amigo a tu hombro el suyo arrima.
Y llorando en la hora de tu muerte
lo hallarás en el filo de tu cama.

lunes, noviembre 20, 2006

Limpietud

Quiero despojar de palabras mis ideas,
Que el pensamiento, desnudo se presente
Como una luz que surge de la mente,
Como el agua que eclosiona de una fuente
Llenas de luz cristalina, fresca y transparente,
Sin trabas que la cultura monopolice,
Sin obstáculos que interrumpan el discurso,
Sin la turbiedad del vocablo difuso,
Sin la ambigüedad del idioma confuso,
Sin el óbice cultural omnipresente;
Desnudas, antisilábicas, silentes.
Vivas como el silencio de la noche,
Vibrantes como el viento entre la hierba
Profundas como una lengua muerta.
Desnudas del veneno de los sabios
Que vierten en los libros eruditos,
Solas aquí en mi mente, deshojadas,
Libres al viento de los labios
Y al dolor sin palabras de los gritos.

domingo, noviembre 19, 2006

Andalucía

Granada: nieve callada.

Luz y plata, Cádiz viva.

Málaga, coqueta y diva.

Almería, bruma salada.

Huelva, playa dorada.

Córdoba, la cautiva.

Y Sevilla,
maravilla
también.

Y, verde oliva, Jaén.



A.Peláez

viernes, noviembre 17, 2006

CEGUERA II

Yo, que nunca encontré el calor de los oros,
Que ladraba a mis piernas tumulto de perros,
Perfumado de sangres, de carnes de nervios
Bogué la canoa que lleva mi pecho
Y arribé a las orillas aladas del cielo.
Perdí los caminos, vagué los desiertos
Besé los espinos, lloré por los muertos...
Los tálamos lúgubres del firmamento
Bordaron sus colchas con los aguaceros
De plata de estrellas y azules luceros;
Y allí estaba yo y estaban mis miedos
En ánforas griegas de arcanos secretos,
Envuelto en la noche, mecido en el viento
Que abruma horizontes de rojos ensueños;
Anclado en los ojos de otros espejos
Que apenas son ecos de otros lamentos.
En medio del NADA, en medio del MEDIO
Y solo era un punto en el grito del tiempo
De aquella espiral sin bordes ni centro.
Como un palafito en el océano negro
Al hervor bravío de la mar expuesto.
Fui ara sagrada en los lares egregios
Y sueño futuro del cruel Can Cerbero.
En el ojo errante de Afrodita inmerso,
Estuve en la lágrima salada disuelto.
En moneda invisible fui haz y reverso
Y sangre del inca en el rito cruento.
Dormí en los latidos de todos los tiempos:
Presente, futuro, aoristo, pretérito...
En una mejilla fui rosa de fuego
Y cáncer mortal en el hígado infecto.
Mis labios bebieron la luna del Céfiro
En cráteras frías de polvo de infierno.
Erré vagabundo por los monasterios
Y allí fui ciprés y piedra y misterio
E infecundo semen de los adulterios.
Dormí entre los musgos de los cementerios
Y en Egipto marqué con sagrado cordero
Las puertas infames de los primogénitos
Y antes o luego o siempre fui hielo
Y en el mismo momento fósil deshecho
Abarqué con mi mano el espacio y el tiempo
Y allí estaba Dios
Y Dios como yo
También era ciego.

martes, noviembre 14, 2006

A Federico García Lorca

Dime Federico ¿dónde has ido?

¿qué le hicieron a tus hondos ojos negros?

¿por qué secaron las fuentes de tu boca

si eran sólo manantiales de los sueños?

Si pregunto a Granada me responde

que te busque en la Alhambra;

en los almendros;

en los sueños de los niños

y en las voces de los viejos;

en los musgos de las fuentes;

en las sombras que cobijan los helechos;

en los balcones verdes;

en las farolas;

en Fuente Vaqueros ...;

en las carnes vivas de los gitanos muertos.

lunes, noviembre 13, 2006

PASEO CON ROGER

La sombra alargada que la tarde pinta
de añil sobre oro
en el polvo mullido,
se mece y abana el trino canoro
y la pluma tinta
del ocaso encendido.
Tras de mi la centella de negro azabache
que muestra encarnada su lengua de fuego,
dibuja una red de olorosos caminos:
Roger inquieto, expectante, canino:
lucero que arde.
Guadix a lo lejos. El fin del destino.
La fronda silbante
cuajada de plumas,
de hojas plateadas, volubles, flotantes,
de algodonosas brumas.
Mi alma se duerme
en el rastro de seda
por donde se pierde
la sombra alargada de las alamedas.

miércoles, noviembre 08, 2006

Carnaval

El carnaval de mis ojos,
El carnaval que me muerde,
El carnaval que me pierde,
Carnaval de mis antojos.
Carnaval de mis miserias,
Carnaval de soledades,
Carnaval de mis maldades,
De mis verdades a medias.
Carnaval de la sonrisa
Que se convierte en un llanto.
El carnaval de mi canto
Que de carnaval se hechiza
El carnaval del tanguillo,
Del bordón y de la prima,
De la letrilla que rima
Y que arranca el pellizquillo.
Carnaval de los autores.
Carnaval de la canalla.
Carnaval de mis amores
En el gran teatro Falla…

martes, noviembre 07, 2006

Domingo de carnaval

Francisco Láinez García

Domingo de Carnaval
en la Plaza de las Flores,
los bares se van llenando
llegan los madrugadores .

A mediodía el gentío
indica el hambre que hay
de cuplés maledicentes
y de tanguillos de Cái .

Por las calles adyacentes
las bateas se aproximan
los músicos van afinando,
de bandurrias y laúdes
los ecos están sonando.

Al llegar frente a Correos
la plataforma estaciona,
la agrupación se prepara
tensos, estiran disfraces
y ya suenan afinadas,
los laúdes, las guitarras,
las gargantas castigadas
por tantas horas de zambra.

Ahora ya nadie recuerda
lo que sucedió en el Falla,
quién ganó el primer premio
ni quién recibió un cajonazo*.

Un silencio sepulcral
al primer coro da paso
popurríts, cuplés y tangos,
uno a uno los coristas
sus cantos van desgranando.

Cantares de ida y vuelta
letras con doble intención
nada suena chabacano,
lo dicen educadamente
y lo entiende el pueblo llano.

Domingo de Carnaval
la noche ya está acechando,
de la plaza de las Flores
los coros se van marchando.

* Cuando una agrupación de gran calidad es dejada fuera de la final por el jurado, se dice que esta recibió : un cajonazo.

lunes, noviembre 06, 2006

Jose Carlos Álvarez "Peti"

Oda a Philip Morris

Fecundado en las fauces de Vulcano,
Son de Sirena que a Ulises maltrata
Si tras probarlo, de olvidar se trata.
Santa Compaña; de Baco es hermano.

Huella cetrina que impregna la mano,
Tallador de los pechos de hojalata,
Matando muere, mas por él… se mata,
Y hechiza la mente siendo africano.

Fue su alma mi tormento y mi placer,
Que aspirada, me invadía hasta los huesos;
Espirada, a las Musas pude ver,

Y de ellas Yo quise hacerme preso.
Fue su cuerpo tentador como mujer,
Al que un día yo le di todos mis besos.

domingo, noviembre 05, 2006

A J. Sabinas, con "cariño".

No tienes ni los nervios ni la estampa
Aunque, gaucho, presumas ser de Boca
Tu coca, muchacho, de la pampa
No la quiere María hoy, ni loca.

Remedas a Quevedo y al Quijote
Con juegos de mantel y abracadabra
Con pluma y en papel de “tonto el bote”
Poniendo en entredicho su palabra.

¿No ves que eres moneda de otro cuño,
y que huelen tus canciones a Polil,
y tu primo es Doménico Modugno?

¿No sabes que pasaste ya de Abril,
que tienes los cojones en un puño
y que ahora sólo fumas perejil?

A Pilar, mi compañera.

Igual que a Jesucristo Magdalena,
me ofreciste el sostén de tus dos hombros
y tus amplios caminos de sirena
rescataron la sed de mis asombros.

Se agriaban las derrotas en mis dientes,
mas tus labios supieron endulzarlas;
y las penas que arrugan hoy mi frente
tus besos supieron aplacarlas.

Bendita entre todas las mujeres
Dios te guarde Pilar de mis pasiones,
calor vital de mis amaneceres.

La sangre que da vida a tus entrañas
en un suave latir de corazones
es la misma, generosa, que me baña.

sábado, noviembre 04, 2006

Aquellas casa antiguas

En la cómoda está el fanal,
el toro y la bailarina;
en el pretil del humero
la baraja de las briscas,
un peine, un reloj de hierro,
una caja de cerillas,
dos o tres cabos de vela
y un candil de lanilla.
Los platos en la alacena,
la abuela tostando harina;
y en la cocina un olor
a leche y a mantequilla,
a dulces bollos de aceite,
a leña y a ropa limpia.
Sobre la mesa unas flores
en una jarra de china;
y un tapate de hule;
cercado por cuatro sillas.
En la pared una percha
y en la percha una toquilla,
una gorra, una rebeca
un bastón y una sombrilla.
En el techo los melones,
los chorizos, las morcillas...,
Las uvas de Navidad,
colgando de las puntillas,
clavadas sobre la cal
de las blanqueadas vigas.
De un retorcido cable
pende quieta una bombilla
que da, escuálida y pobre,
una tenue luz amarilla.
Una radio de galena
ronronea en la repisa
algún serial lacrimógeno
o algún anuncio de quina.
A su lado un par de libros:
los dos tomos de la Biblia
con las tapas encarnadas
y los lomos de telilla.
De lona, una mecedora
reposa junto a una esquina
y en ella la abuela cierra
los ojos medio dormida.
La cálida chimenea
desprende olor a resina,
a humo de paja seca
y a seca leña de encina.
Alejadas de las ascuas,
al calor de la ceniza,
se van asando patatas
a fuego lento, sin prisa,
lo mismo que el padre Juan
cuando celebra la misa.
En las trébedes calientes
una olla renegrida
con café de pucherete
que se hizo en el “torcía”
borbotea rumorosa
vapor a malta cocida.
Tendidas junto al hogar
las tenazas, la badila
y una escoba de rama
para barrer las astillas.
Colgado en la chimenea
un retrato de familia
con el marco taladrado
de agujeros de polilla
y estampas de algunos santos
prendidas en cada esquina.
Un almanaque de Mata
que anuncia las hojaldrinas
lleva colgada de un clavo
la cara de Santa Rita.
Y debajo una leyenda:
“Oh, Santa Rita bonita
que en el cielo estás escrita
con papel y agua bendita...”
Una plancha de carbón
en el poyo de la hornilla
espera que se caliente
para planchar las camisas.
Por fuera de la ventana
cuatro macetas tiritan
con el viento frío del Norte
hasta dejarlas marchitas.
En la mesa tocinera
hay un lebrillo que brilla
y una orza con lomo
en manteca derretida.
Más allá las cantareras
con tres cántaros de arcilla
y un cazo de hojalata
abollada y desbruñida.
Un gato se quema el rabo
bajo la mesa camilla
y en el picón del brasero
deja un rastro a chamusquina.
En el suelo, irregulares,
unas baldosas muy chicas
mitad blancas, mitad negras
con una greca amarilla.
Detrás de las cantareras,
en un montón, las vasijas:
calderos y palanganas
dos calderas cobrizas,
las sartenes y las ollas,
muchos cuencos y escudillas.
Los botes de las conservas
llenos todos hasta arriba
con los tomates de pera
y un poco aceite de oliva,
los tarros que muestran dulce
melocotón en almíbar.
Recubierta con esparto
una garrafa vacía
que se llevan para el campo
y mantiene el agua fría.
La cántara del aceite
en un rincón escondida
amarrada a un clavo negro
con una cuerda de pita.
La lechera de aluminio
bien fregada y escurrida
pero con mil tolondrones
de tantísima paliza.
En la pared más visible,
en señal de pleitesía,
el Corazón de Jesús
en una estampa pajiza
con un marco fabricado
de cuatro tablillas lisas
que la mano el almirez
de vez en cuando revisa,
cuando el cartón que se abomba
las abre por las esquinas.
Debajo, con sus tres patas
hay una media mesita
apoyada en la pared;
y encima una hornacina
de madera, con dos puertas
abatibles de rejilla.
Y dentro, de porcelana,
una Virgen antigua
con una caja a sus pies
que le sirve de alcancía
donde guarda las limosnas,
casi siempre en calderilla,
que hoy ponen en mi casa
y mañana en la vecina.
De un tazón con aceite
sale una luz blanquecina
de cinco o seis mariposas
que a la Virgen ilumina
y que aunque pase la noche
siempre sigue encendida.
La puerta que da a la calle
es de madera maciza
que la huella de los años
va llenando de rendijas;
con su cerrojo y sus clavos
de una cerrajería
tan simple y tan consistente
como eran nuestras vidas;
la vida de aquella infancia
que mi memoria reedita
y que ya, por más que nos pese,
ha quedado reducida
a estos recuerdos de ayer,
de esa estancia querida
donde quedó ¿quien lo sabe?
lo mejor de nuestra vidas

Epitafio

A mi tío Manuel Peláez Muñoz, que tuvo la valentía
de morir por unos ideales y con el que tengo la ilusión
de haber heredado, la idea de justicia social.



Llorado corazón de recio olivo:
la rosa de tus labios aun derrama
justicias, que mi pecho, hoy, reclama
de tu pecho, Manolo, siempre vivo.

Verás, que por mi sangre yo percibo
la esencia inmortal de tu proclama,
y arde en mis venas, como llama,
la furia de tu verbo decisivo.

No hay átomo de luz que no recuerde
lo injusto de tu muerte prematura,
ni el gozo de tu vida de semillas.

Quebraron, por tronchar, un brote verde;
y fue, doblada, ayer, tal mi amargura
que recuerdo tu nombre, de rodillas.

Guadix

Siempre desdeñada, Guadix sedienta,
por la nube esquiva que evita el valle;
deseosa siempre de que el cirro estalle
en ruidosa y frenética tormenta.

De piedra gris, su cara polvorienta,
descubre en la indigencia de su talle
la fugaz torrentera en una calle
tortuosa, empinada y macilenta.

Cuando cesa, al fin, la lluvia escasa
y renace, añil, el azulado día,
reverberan las losas de la plaza

cual joyas de arabesca pedrería
que recuerdan el cruce de mil razas,
soportando impasibles, la sequía.