lunes, noviembre 27, 2006

Aceite de oliva

Oro verde líquido, que se encierra
en cálices, de luz tornasolados,
-menudos corazones embriagados
por la savia amarga de la agraz tierra-.

Fluido feraz, sagrado, que se aferra
pertinaz, a los troncos deformados
en miríadas de jades plateados
que la vara cruel, inevitable, aterra

¡Cuan lejana llegó, oro, ya tu fama
que el sabor y el aroma redivivo,
fundieron la salud a los deleites.

Desde el blanco despertar, la tierna trama,
mamando la bondad del viejo olivo,
manan luz por los siglos tus aceites.