Yo, que nunca encontré el calor de los oros,
Que ladraba a mis piernas tumulto de perros,
Perfumado de sangres, de carnes de nervios
Bogué la canoa que lleva mi pecho
Y arribé a las orillas aladas del cielo.
Perdí los caminos, vagué los desiertos
Besé los espinos, lloré por los muertos...
Los tálamos lúgubres del firmamento
Bordaron sus colchas con los aguaceros
De plata de estrellas y azules luceros;
Y allí estaba yo y estaban mis miedos
En ánforas griegas de arcanos secretos,
Envuelto en la noche, mecido en el viento
Que abruma horizontes de rojos ensueños;
Anclado en los ojos de otros espejos
Que apenas son ecos de otros lamentos.
En medio del NADA, en medio del MEDIO
Y solo era un punto en el grito del tiempo
De aquella espiral sin bordes ni centro.
Como un palafito en el océano negro
Al hervor bravío de la mar expuesto.
Fui ara sagrada en los lares egregios
Y sueño futuro del cruel Can Cerbero.
En el ojo errante de Afrodita inmerso,
Estuve en la lágrima salada disuelto.
En moneda invisible fui haz y reverso
Y sangre del inca en el rito cruento.
Dormí en los latidos de todos los tiempos:
Presente, futuro, aoristo, pretérito...
En una mejilla fui rosa de fuego
Y cáncer mortal en el hígado infecto.
Mis labios bebieron la luna del Céfiro
En cráteras frías de polvo de infierno.
Erré vagabundo por los monasterios
Y allí fui ciprés y piedra y misterio
E infecundo semen de los adulterios.
Dormí entre los musgos de los cementerios
Y en Egipto marqué con sagrado cordero
Las puertas infames de los primogénitos
Y antes o luego o siempre fui hielo
Y en el mismo momento fósil deshecho
Abarqué con mi mano el espacio y el tiempo
Y allí estaba Dios
Y Dios como yo
También era ciego.
viernes, noviembre 17, 2006
martes, noviembre 14, 2006
A Federico García Lorca
Dime Federico ¿dónde has ido?
¿qué le hicieron a tus hondos ojos negros?
¿por qué secaron las fuentes de tu boca
si eran sólo manantiales de los sueños?
Si pregunto a Granada me responde
que te busque en la Alhambra;
en los almendros;
en los sueños de los niños
y en las voces de los viejos;
en los musgos de las fuentes;
en las sombras que cobijan los helechos;
en los balcones verdes;
en las farolas;
en Fuente Vaqueros ...;
en las carnes vivas de los gitanos muertos.
¿qué le hicieron a tus hondos ojos negros?
¿por qué secaron las fuentes de tu boca
si eran sólo manantiales de los sueños?
Si pregunto a Granada me responde
que te busque en la Alhambra;
en los almendros;
en los sueños de los niños
y en las voces de los viejos;
en los musgos de las fuentes;
en las sombras que cobijan los helechos;
en los balcones verdes;
en las farolas;
en Fuente Vaqueros ...;
en las carnes vivas de los gitanos muertos.
lunes, noviembre 13, 2006
PASEO CON ROGER
La sombra alargada que la tarde pinta
de añil sobre oro
en el polvo mullido,
se mece y abana el trino canoro
y la pluma tinta
del ocaso encendido.
Tras de mi la centella de negro azabache
que muestra encarnada su lengua de fuego,
dibuja una red de olorosos caminos:
Roger inquieto, expectante, canino:
lucero que arde.
Guadix a lo lejos. El fin del destino.
La fronda silbante
cuajada de plumas,
de hojas plateadas, volubles, flotantes,
de algodonosas brumas.
Mi alma se duerme
en el rastro de seda
por donde se pierde
la sombra alargada de las alamedas.
de añil sobre oro
en el polvo mullido,
se mece y abana el trino canoro
y la pluma tinta
del ocaso encendido.
Tras de mi la centella de negro azabache
que muestra encarnada su lengua de fuego,
dibuja una red de olorosos caminos:
Roger inquieto, expectante, canino:
lucero que arde.
Guadix a lo lejos. El fin del destino.
La fronda silbante
cuajada de plumas,
de hojas plateadas, volubles, flotantes,
de algodonosas brumas.
Mi alma se duerme
en el rastro de seda
por donde se pierde
la sombra alargada de las alamedas.
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