La tarde se adensa y se torna ambarina
y espesas nubes de tintes bermejos
descuelgan del cielo un haz de reflejos
en una agrisada e inmensa cortina.
Los truenos retumban tras de una colina
y un mar de relámpagos luce a lo lejos
lanzando a la tierra una lluvia de espejos
en una alocada y dispar tremolina.
La tierra crepita en fárrago hervor
y el polvo disuelve en caldo de barro
su alma de arcilla tras raudo desgarro
que deja en el aire una huella de olor.
Al cabo… se para el intenso combate
y vuelve al instante un cielo de añil
que dora, en silencio, la tarde de abril
sobre un océano color chocolate.
lunes, diciembre 08, 2008
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