Ya siento en mis huesos el futuro,
poco a poco me voy haciendo viejo;
se deforma mi forma en el espejo
del pasado claro y del presente oscuro.
Por la vida, temeroso, me apresuro
a la busca de Dios, de su reflejo;
y solo veo a Dios en el espejo,
donde ya me estremezco y desfiguro.
Mi sangre, antes, manantial caliente,
exangüe, se ha tornado en ancho río,
sin apenas orilla ni afluente
que busca solo el mar oscuro y frío
en donde descansar eternamente,
de esta vida de pésame y hastío.
Me queda la esperanza todavía
de un poema que aspire a la poesía.
lunes, marzo 01, 2010
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