sábado, noviembre 01, 2008

El vino II

Pasé desde la tierra fría e hirsuta
por la angosta madera de las vides
en caos de raíces y de áspides
hasta el cáliz de la uva resoluta.

Fui savia y por sabia vine a fruta
cabernet-sauvignon o tempranillo,
caldo al fin de la esencia del zarcillo
que el alma de Lorenzo me disputa.

Al que riega sudando su destino
mi alma pura, solícita se ofrece
a ser su compañera del camino,
alforja o meretriz que se estremece
subiendo a la nariz donde se mece
aroma del amor.
Firmado
El vino.

Condones

Te pido compungido que condones
la deuda de cariño que te debo
pues sabes que ya es tarde y no me atrevo
a pagarte ni con bienes ni con dones.

Acepta si tú quieres mis tendones,
mis músculos, la lengua con que bebo
los jugos de la vida. Ten el cebo
de látex de mi caja de condones.

Te cedo la maldad de mis sonetos
a cambio de las plumas de mis alas,
al paso que presento mis respetos
al ruido incontrolable de tus balas.

Y haré oídos sordos al recuerdo
de la vida en que fui contigo un cerdo.

Pateras

No lleva otro equipaje que su pecho
y una dosis inmensa de esperanza
y de miedo en sus ojos. Muda danza
hacia la vida. Ya cruza el Estrecho.
Deja detrás la miseria aquella tarde,
que sumiso subió a la patera;
su mujer y sus hijos a la espera
de la llamada inútil, Dios los guarde.
A medida que avanzan se desgarran
Las raíces que lo ataban a lo suyo.
El mar está tan negro que retumba.
El tiempo cambia. Uñas que se agarran.
Se diluye la raza y el orgullo
Y el mar, la mar se vuelve tumba.