domingo, noviembre 05, 2006

A Pilar, mi compañera.

Igual que a Jesucristo Magdalena,
me ofreciste el sostén de tus dos hombros
y tus amplios caminos de sirena
rescataron la sed de mis asombros.

Se agriaban las derrotas en mis dientes,
mas tus labios supieron endulzarlas;
y las penas que arrugan hoy mi frente
tus besos supieron aplacarlas.

Bendita entre todas las mujeres
Dios te guarde Pilar de mis pasiones,
calor vital de mis amaneceres.

La sangre que da vida a tus entrañas
en un suave latir de corazones
es la misma, generosa, que me baña.

No hay comentarios.: