No lleva otro equipaje que su pecho
y una dosis inmensa de esperanza
y de miedo en sus ojos. Muda danza
hacia la vida. Ya cruza el Estrecho.
Deja detrás la miseria aquella tarde,
que sumiso subió a la patera;
su mujer y sus hijos a la espera
de la llamada inútil, Dios los guarde.
A medida que avanzan se desgarran
Las raíces que lo ataban a lo suyo.
El mar está tan negro que retumba.
El tiempo cambia. Uñas que se agarran.
Se diluye la raza y el orgullo
Y el mar, la mar se vuelve tumba.
sábado, noviembre 01, 2008
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1 comentario:
También la islita italiana de Lampedusa asiste impotente a esta tragedia...
¿Cuándo se acabará este aberrante mercado de carne humana?
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