Huía una luciérnaga espantada
del abrazo mortal de una serpiente;
y ya exhausta parose y balbuciente
preguntó a la cobra emponzoñada:
--¿Soy acaso para tí una presa ansiada?
--Por supuesto que no- dijo indolente-
--¿Represento algún mal para tu gente?
--Respondiole una sonora carcajada
--¿Por qué entonces dispones tu colmillo
a ensartar este cuerpo con perfidia?
--No puedo soportar tu suave brillo.
Así hay muchos que mueren por la envidia
de unos pocos que nunca fueron nada
y que acaban con el genio, a dentelladas.
Alejad vuestra luz de las serpientes
que apenas ven brillar, muestran sus dientes.
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1 comentario:
esa fabula esta muy bonita.
la dire en la salida de sexto
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