Cada año que pasa es como el verso
de un poema que escribes a diario
en las páginas del frágil calendario
que define el perfil de tu universo.
Lo que escribes se queda en él impreso
-como un testamento ante notario-
con ese imborrable abecedario
de tus actos en que quedas siempre preso.
Este día que cumples veintidós
repasa con primor tu ortografía
y escribe en un renglón firme y derecho
Recurre el diccionario del buen Dios,
y si ves que tu pluma está vacía
la llenas con la sangre de mi pecho.
domingo, noviembre 30, 2008
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