Renegaba una ciega de su suerte,
del mundo y de Dios por el oprobio
de no poder ver. Solo a su novio
juraba amor eterno hasta la muerte.
Pero un día un anónimo legado
permitieron a sus ojos un transplante;
y la luz entró por ellos tan brillante
como un río por las lluvias desbordado.
¡Jamás! – dijo airada al prometido
cuando éste le propuso el matrimonio
y observar que era ciego -. – Sin enojos-
dijo triste : “ Lo comprendo, solo pido
que cuides de ese nuestro patrimonio;
yo he sido el que te ha dado tus dos ojos”.
domingo, junio 22, 2008
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

1 comentario:
Me gustó pasar por aquí y descubrir estas letras. Felicidades
Publicar un comentario