Tu cuerpo es un mar en donde vive
el espíritu que te hace ser humano;
lo cuida tu destino soberano
y, Pablo, sobre él, tu historia escribe.
Con lo malo y lo bueno que recibe
has de fabricar para tu océano
un barco con velamen fuerte y sano
que retrase el día en que prescribe.
Si consigues que el viento no lo tuerza
porque tienes las cuadernas engrasadas,
dominio del timón y el rumbo firme:
conseguirás el valor que da la fuerza
de alcanzar todas las metas soñadas.
Y yo, que te guié, podré ya hundirme.
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